Después de todo

Sólo es política y nada más, la vida continúa. Estamos en medio de la contienda electoral y después del carnaval la cosa se pondrá muy interesante y entretenida. Sin embargo, no debemos olvidar que a pesar de ser animales políticos como parte de nuestro legado genético, esta faceta únicamente es una porción de la realidad que acontece. Aunque ésta acapare la atención del entorno ciudadano.

No es de extrañar en este carnaval de todo en cuanto a política se refiera; desde personajes realizando el más absurdo ridículo hasta florisconsultos prometiendo lo imposible e intentando engatusar a más de un incauto. Todo sea porque un mejor país llegue a todos, aunque nadie sepa cómo podrán lograr eso. De todas formas no importa, porque el panameño sabrá disfrutar con mucha agua y alegría del desahogo momentáneo divirtiéndose de las infantilidades de los políticos resbalosos pidiendo votos con una lata al son de pito y tambor.

Al igual que en el carnaval es la época de desenfrenos, la época electorera es de desesperación por algunos para llegar a acceder a las arcas del Estado, y a ellos se suman séquitos que dejarán la piel en medio del camino con tal que sus candidatos lleguen al poder y que luego se acuerden de tirar la toalla con algún buen cargo bien remunerado para curar las heridas. Y no les cuestionemos que en el pasado estos aguerridos defensores de candidatos los enfrentarán, porque en política todo se vale, se traga y se agacha si la cosa puede rendir buenos dividendos.

Lo importante es no perder de vista que el espectáculo político estacional es financiado por las chequeras de quienes pueden pagar millones con la absurda excusa de brindarnos un futuro mejor cuando el futuro no los labramos nosotros mismos. Bien dijo alguien, el verdadero cambio somos nosotros mismos.
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