Democracia y deber


La democracia es una forma de gobierno en la que las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa o indirecta.

La participación directa es ejercida cuando las decisiones son adoptadas directamente por el pueblo. La democracia indirecta, también llamada representativa, se ejerce cuando las decisiones son adoptadas por personas elegidas por el pueblo como sus legítimos representantes. Por último, la democracia participativa es el eslabón que conecta la sociedad con los elegidos mediante un modelo que permita ejercer influencia directa en las acciones de gobierno.

Esas tres formas de democracia no son excluyentes y debieran complementarse para facilitar la administración del Estado; sin embargo, el ciudadano que ejerce el voto y que no pertenece aun partido político es excluido inmediatamente del proceso participativo al concluir el torneo electoral. Este accionar por parte de los gobernantes desencadena un proceso de frustración que desemboca cada cinco años en un voto castigo que es aprovechado por los políticos en oposición.

Es un círculo de alternabilidad del poder que produce reiterativos intentos de reinventar la patria cada lustro que sólo es un retroceso. De este círculo somos culpables todos los ciudadanos que creemos que con sólo ejercer el voto hemos cumplido con nuestro deber. El ejercer el voto es únicamente parte de nuestros deberes ciudadanos.

Concluido el proceso electoral debemos iniciar la fiscalización de los que gobiernan en representación del pueblo, y para ello debemos ser críticos activos señalando las acciones que deben realizarse para iniciar una administración adecentada. Se debe exigir el cumplimiento de las promesas de campaña e impedir la rapiña política. En ese sentido, al igual que con todas las administraciones anteriores, hemos de iniciar el proceso fiscalizador y señalar que las promesas ahora deben aterrizar en hechos, comenzando por "Entran limpios y salen millonarios". Ahora tienen la oportunidad histórica de demostrar que no son políticos tradicionales cumpliendo con la ley y para mayor transparencia haciendo público las declaraciones de bienes y los donantes de campaña. De ser lo contrario, tempranamente se iniciaría el proceso de frustración despertando a aquellos que padecían de locura temporal.

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