¿Alguna diferencia?


Observando las temerarias acciones de parte de los actuales gobernantes, asombra que algunas no desborden caudalosos ríos de tinta, saliva y horror, a diferencia de si esas mismas acciones hubiesen sido realizadas por miembros del PRD. En mi ingenuidad me pregunto: ¿por qué el silencio de algunas gargantas? ¿Cómo es que algunos medios, que no dejaban pasar una sola falta, ahora guardan silencio? ¿Será que aquellos que se autonombraban representantes de la sociedad civil acompañados de los defensores enclaustrados en extrañas organizaciones, que solo salen a dar declaraciones si hay cámaras, ahora no tienen lengua?

Estamos absolutamente de acuerdo en que el malhechor debe pagarla, indistintamente de qué partido sea. Pero no podemos aceptar que las reacciones virulentas que antes se producían ante hechos semejantes ahora no ocasionen protestas. Que alguien explique cómo los pañuelos blancos no dicen nada de la reinstauración de los colaboradores de las Fuerzas de Defensa en la Policía Nacional. ¿Hubiese sido igual si fuese un gobierno PRD? ¿Por qué el entrarle a mazazos a una construcción, empujar la subida de impuestos para la Zona Libre, lanzar acusaciones sin presentar pruebas, la ley de sapería, los nombramientos de amigos y hasta el gato no ocasiona el regurgitar de los defensores de la democracia?

El silencio levanta suspicacias y desenmascara el cambio de actitud, de acuerdo a quien es el actor político de momento. Lo que ayer era un pecado, hoy goza de la indiferencia premeditada.

Sin embargo, en cada situación podemos encontrar algo provechoso. Ante el silencio de las gargantas peladas y las plumas rotas, estas se desacreditan perennemente. Es un grato favor a la sociedad que puede percatarse del conveniente comportamiento de algunos medios, asociaciones y, principalmente, individuos.

La historia siempre se repite y debemos recordar a los que hoy guardan silencio, serán los mismos que dentro de cinco años nuevamente los veremos salir de sus tumbas, pero con suerte ya nadie les va a creer ni para la predicción del clima.

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