¿Moda o rebeldía?

Hay conductas que son difíciles de entender cuando estas no tienen explicaciones que logren convencer nuestros insensibles sentidos ciudadanos. ¿Por qué algunos excéntricos conductores colocan calcomanías de personajes con conductas cuestionables en sus autos? ¿Por qué un individuo que a simple vista pareciera un ser coherente coloca a un muerto como distintivo? ¿Qué están tratando de decirnos? ¿Es moda o simple rebeldía?

Omar Torrijos, Ernesto Che Guevara y hasta el generalito del machete que se escondió bajo las sotanas de los curas se exhiben como ilustres personajes en los autos de sus idólatras. Lo característico de esta conducta es que los personajes escogidos para este tipo de manifestación son recordados por conductas que en alguna forma alteraron las reglas de convivencia pacífica. Individuos que tenían una muy particular forma de ver el mundo y que lograron de una forma u otra convencer o sugestionar a sus contemporáneos para hacer las cosas a su manera y ejercer el poder por los medios que fuera.
¿Será que en la psiquis humana existe la necesidad de que sigan brotando individuos como estos? ¿Será que algunos prefieren la utilización de la fuerza para cambiar las cosas, en vez de los métodos civilizados? o ¿es un simple añorar que todo tiempo pasado fue mejor?
Bajo las actuales circunstancias del acontecer nacional, pareciera que no existirá gobierno alguno que pueda siquiera acercarse a cumplir los anhelos de una sociedad donde prive el bienestar común, la honestidad y el apego a los principios de una verdadera democracia que vaya más allá de cumplir con elecciones libres. Será que esto pueda ser el causante de que inconscientemente se busque el consuelo mental de aquellos que sí sabían conseguir lo que se proponían y que este actuar era beneficioso para la sociedad. ¿Es esto o simple ganas de fastidiar a los puritanos?
Es una conducta que debería ocupar algo del tiempo de los sesudos estudiosos, para talvez detectar las señales de un sociedad presa de la desesperación e iniciar programas de concientización en los verdaderos valores ciudadanos.
El mensaje esta ahí, que no lo interpretemos a tiempo será nuestra responsabilidad como nación. Aunque debo confesarme, también he sido uno de los que ha sucumbido en la tentación y al igual he colocado a uno de mis personajes favoritos en el auto. José Candelario Trespatines me acompaña nada menos que en la tapa del tanque de combustible. Porque la vida se recorre con un tanque lleno de alegría.
Hay que tener la sapiencia de un Trespatines para ingeniárselas y sobrevivir con una ocurrencia para cada circunstancia y saber cuándo clamar a las alturas con un “ Ave María, chico ”, porque tanto La Habana como Panamá están llenos de malandros buscando a quién timar, sí señores. “ Cosa más grande la vida ”.
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