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Las tres cosas por hacer.

REFLEXIÓN

Gabriel J. Perea R. |  

Desde pequeño siempre escuché que antes de morir debería hacer tres cosas y, tal vez, así lograr que la memoria colectiva no me olvidara. Es decir, aspirar a una especie de inmortalidad humana, a un anhelo de seguir contribuyendo con el progreso de la humanidad, aunque ya no estemos físicamente en este mundo.

¿Cuáles son esas tres cosas? Pues, plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo. Estas acciones pueden ser metafóricas, quizás, pero representan todo el legado que le podemos dejar a quienes vendrán después de nosotros.

Plantar un árbol, porque la naturaleza nos da sustento y debemos ser agradecidos con nuestra “madre Tierra”, conservando sus recursos y sembrando otros para reponer los que utilizamos, en lugar de contaminar el ambiente y destruir la biodiversidad. De eso se trata, de ser activistas en movimientos a favor de la naturaleza.

Tener un hijo y criarlo en estos tiempos puede ser realmente difícil, casi que una tarea imposible. Pero para cualquier padre responsable se trata de una misión ineludible. Aunque tal vez, ellos no lo agradezcan de momento, no perdamos la fe en los valores familiares ni en ese sólido núcleo que conforma la sociedad. 

Pongamos nuestro grano de arena, como ciudadanos respetuosos de las leyes que nos rigen. Guiemos y mostremos el camino correcto a aquellos que vinieron a este mundo por una decisión nuestra. Debe ser un camino digno, en el que ellos se sientan libres y satisfechos, para evitar que experimenten la avaricia que carcome a las sociedades, al extremo de desear las cosas materiales por encima de los valores y de la moral. La felicidad no radica en tener cada día más cosas, sin importar el precio que tengamos que pagar para obtenerlas.

Por último, es importante escribir un libro para que nuestros pensamientos e ideales permanezcan más allá de nuestra existencia terrenal. Esto es cada día más difícil, porque pareciese que ya casi nadie lee libros, debido al advenimiento de los medios tecnológicos que ha reemplazado el placer de tomar un libro en nuestras manos y descubrir la particular visión de algún tema que nos presenta su autor.

Ahora tenemos la novedosa alternativa de los libros electrónicos que, según las estadísticas, tienen cada día más ventas que los impresos. Quizás llegue el día en que los periódicos impresos desaparezcan del todo y las ediciones lleguen directo a las tablets o smartphones.

Puedo decir que yo he plantado árboles, tengo hijos y también he publicado un libro y que ya sentí la satisfacción de recibir el primer ejemplar de una obra de mi autoría. Pero no daré el nombre, pues no se trata de utilizar este espacio para hacerle publicidad.
El mensaje es que seamos ciudadanos ejemplares, para que el esfuerzo individual se convierte en una fuerza multiplicadora. Bastan tres cosas para lograrlo.