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De vuelta a la realidad: Carnaval


Se acabaron los carnavales, cuatro días  de relajo, jolgorio, tiempo para olvidarse de los problemas, las preocupaciones, las deudas, las responsabilidades. ¡Que lastima que duren tan poco! dirán algunos. Pero es inevitable, todo tiene su final, nada dura para siempre, ha esperen, esa es una canción. Bueno y para los que son asiduos al licor, regresar destrámpaos como buenos panameños carnavaleros, ahora a recuperarse y comenzar a ejercitar la principal habilidad de los panameños, la sobrevivencia.

Si señores, porque la principal habilidad de los istmeños no es él juega vivo, equivocados, es la sobrevivencia. De vuelta a la realidad dependiendo de su posición en la evolución social, y para los que no saben cuál es esta evolución social. Los panameños evolucionan, somos diferentes que el restos de los humanos del planeta, nacemos descamizados, evolucionamos a estudiantes forzados, puede que pasemos, talvez si encontramos algún caritativo que nos mantenga, por una pasantía en NiNis, no estudiamos, no trabajamos, no hacemos nada provechoso, pero si vamos al carnaval como sea y donde sea.

Posteriormente se evoluciona a la etapa trabajadora, si es que no reconocemos en la evolución  algún pelaito que inicio su camino recisamente en un Carnaval que no queremos recordar di cuando fue, ni como se llamaba ese pueblo donde fue concebido, pero bienvenido sea.

Sigue la evolución entrando a la etapa más peligrosa y donde ya no se tiene escapatoria, solo esperanzas, la etapa de macho proveedor, donde se hace lo que sea para proveer el sustento de los comensales, que en ocasiones no estamos seguros ni cuántos son ni de donde salen, pero hay que proveer. Esta es la etapa más difícil y angustiante de la evolución, donde la llegada de los recibos de servicios te espelucan, donde los cobradores te persiguen, los banco te amenazan con embargarte, y los precios de todos los productos aumenta por decisión propia, lo único que se mantiene inmutable es el salario impuesto por tus empleadores para generar riquezas que quedan en las manos de menos del uno por ciento de la población.

Después del carnaval ya no hay más feriados largos, viene  la escuela, los útiles escolares, hay que pagar esas cuentas que están pendientes, es en ese instante que extrañas estar en un parque en el interior mojado, sudado, bajo los efectos de la rumba, perdiendo hasta la noción de donde estas y con quien, pero feliz.


Pero no hay más remedio, es la etapa de las decisiones, pagas servicios y deudas bancarias o compras los útiles de los pelao, el súper, y todos los chancletazos que pegaste en esos cuatro días. Es el momento que los panameños afronten la realidad, pero como buenos panameños sabemos sobrevivir, ir de brinco en brinco, de quincena en quincena y dar gracias a Dios, que también es panameño de que pase lo que pase podemos sonreír y sentirnos feliz por habitar en esta tierra maravillosa. Y no olvidemos que comienza la cuaresma, a comer pescado todos los viernes, y si no alcanza una buena sardinita, y rezar porque Dios siga iluminando nuestro país, nuestros dirigentes y a todos los panameños sin distinción.