Fuimos engañados

Columnistas

jueves 18 de febrero de 2016 - 12:00 a.m.

Hace algún tiempo, ocurrió algo que algunos no quieren recordar, algunos quisieran que nadie lo recuerde 
Gabriel J. Perea R.

Hace algún tiempo, ocurrió algo que algunos no quieren recordar, algunos quisieran que nadie lo recuerde, que la colectividad sufra de amnesia selectiva. Pero siempre habrá los que no podemos ni debemos olvidar, son esas voces en el desierto de la disentía ciudadana, que no olvidaremos.
¿Cuál fue ese acontecimiento? Cuenta la leyenda que el petróleo, ese combustible vital que nos tiene encadenados a quienes lo poseen y lo comercializan brutalmente, aprovecharon una coyuntura propicia en el escenario mundial para inflar los precios del barril a límites estratosféricos, más allá de los cien dólares y vaticinaban que seguirá subiendo en una tendencia irreversible, se escuchó en aquel entonces que ‘la era del petróleo barata había terminado'.
Todo el que pudo sacar provecho de la situación, así no estuviese relacionado, elevó los precios con el pretexto del alto costo del barril de petróleo, todo subió: la comida, los servicios, la energía, hasta el agua. La población mundial no tenía más que aceptar la situación y así pasó en nuestro país.
Ahora por situaciones que sería extensas de explicar en tan corto espacio, los precios se derrumbaron, hoy cuesta más el litro de agua que el de gasolina. ¿En qué repercute esto? En mucho, solo en transporte, hoy no cuesta lo mismo transportar un producto que cuando el barril está por encima de los cien dólares. Sin embargo, nada bajó de precio, es más, aún siguen aumentando, fuimos engañados con las patrañas del mercado, la libre oferta y demanda, donde lo único que es real es la avaricia.
Lo único que no varió en este escenario son los poderes adquisitivos de las grandes mayorías que se mantuvieron invariables, con excepción de aumentos míseros imperceptibles versus las inimaginables ganancias de las grandes empresas petroleras. Ahora los productores de petróleo no pueden engañarnos, así que la estrategia que utilizarán es inimaginable. Pretende congelar la producción para producir una escasez que nuevamente les permita inflar los precios del petróleo. Esto ha sido anunciado por Venezuela, Arabia Saudita, Qatar y Rusia.
La avaricia desmedida de una minúscula clase social de ultrarricos no tiene freno, no importa asfixiar al resto de la población mientras sus ganancias se mantengan. Y lo que nos espera en el futuro es que, si el cartel de países productores logra su pretensión, este nuevo aumento de precios ficticio del petróleo será nuevamente aprovechado por las aves de rapiña para nuevamente elevar todo lo que se pueda.
La pregunta es ¿hasta cuándo se jugará con la paz social? Debemos tener presente que los estómagos vacíos tienden a realizar acciones desesperadas para satisfacer su hambre. Desde insurrecciones armadas hasta apelar a cualquier líder extremo que les prometa reivindicaciones. No estamos lejos, miremos con atención al Coloso del Norte.
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