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Se acerca la hora: Gabriel J. Perea R.

CANAL DE PANAMÁ

Gabriel J. Perea R. |  

Durante algunos años hemos estado saturados de información, incertidumbre, comentarios, opiniones, pero también de esperanzas. Finalmente, se acerca la hora de un acontecimiento histórico, tanto para detractores como para simpatizantes, hablo de la inauguración de las nuevas esclusas del Canal de Panamá. Será una cita ineludible con la historia, un momento que marcará nuestro destino como nación. Es tan importante que el mundo entero está pendiente del acontecimiento.

¿Qué ocurrirá? ¿Dónde estará usted en aquel momento? Ese día todos esperan un acto sobrio con el tránsito simbólico de un buque atravesando, una vez más, nuestra patria partida en dos. Todos quieren ver las descomunales compuertas rodantes abrir y cerrar, como engranajes perfectos de un reloj suizo; todos quieren ver a los remolcadores realizando maniobras magistrales para guiar, sin percances, los buques en las recámaras de esclusajes; todos quieren ver la majestuosidad de las aguas salir de las tinas para levantar al buque en tránsito. Todos quieren ver cómo esa descomunal obra funciona.

Lo que vendrá después serán estrechones de manos, risas, felicitaciones y lágrimas; sentir el corazón palpitante lleno de orgullo por ser hijo de esta nación pequeña, pero de hombres y mujeres valientes que no se doblegaron ante nada. Los panameños le habrán demostrado al mundo, una vez más, que si bien recibieron un bien avejentado, casi senil, con la habilidad y el trabajo duro de cientos de panameños lo han hecho producir para enriquecer nuestra nación y, ahora, le entregarán un legado a las siguientes generaciones: un Canal renovado y ampliado para que siga generando riqueza en beneficio de las mayorías.

Los héroes anónimos que trabajaron, realizando inspecciones y, celosamente, exigiendo el cumplimiento de lo pactado en el contrato, las 24 horas del día en los últimos años, ese día se marcharán a sus casas. Para ellos será otro día más de trabajo engrandeciendo a este país, sin que nadie conozca sus nombres, pero orgullos de ser panameños.

Y si por alguna travesura del destino algo ocurriera, como panameño, no me importará, porque somos capaces de superar cualquier percance. Hasta las misiones a la Luna estuvieron plagadas de problemas que se solucionaron. Debemos reconocer que no fue fácil, que siempre hubo quien dijo que fracasaríamos y, tal vez, nos hizo dudar. Pero al final no importará, porque la bandera tricolor relucirá sobre el horizonte, ondeando con el viento. Habrá lecciones aprendidas, cosas por resolver, mecanismos que ajustar, litigios por concluir y páginas de historia que escribir, pero algo quedará grabado perennemente: cómo el conglomerado de personas con diferentes tendencias, ideologías e intereses que conformamos este país, en ocasiones no nos ponemos de acuerdo, sin embargo, en asuntos del Canal, nuestro emblema y orgullo como nación, es que no hay diferencias. Unidos somos una nación pujante y gracias a que existe un minúsculo grupo de testarudos panameños que se empecina en hacer cada día las cosas mejor, sin importar los ataques, desacuerdos e incomprensiones, logramos lo que en el pasado nadie creyó que pudiéramos: Administrar el Canal, y ahora ampliarlo.