Tiempos difíciles, reacciones de Estado: Gabriel J. Perea R.

 Opinión



Hasta el momento, yo había sido solo un espectador de los acontecimientos que han sacudido a nuestro país, a nuestra sociedad y a nuestra percepción de lo que creíamos que éramos. En ocasiones es mejor dejar correr los ríos de tinta y las opiniones derivadas de las emociones o de los intereses, antes que participar en el debate. A veces es mejor aplicar la máxima, “Si no tienes nada que decir mejor guarda silencio”, y deja que los demás se despedacen por ellos mismos.
Los mal llamados papeles de Panamá–no importa qué hagamos– se quedaron con ese nombre para la historia. Y como si fuera poco, cuando ya pasábamos el susto, surgió el escándalo del conglomerado empresarial de la familia Waked. ¿Qué más seguirá? ¿Puede esta pequeña nación aguantar tantos golpes al mismo tiempo? A la pregunta: ¿Sobrevivirá Panamá a todos estos acontecimientos? La respuesta tajante es: Claro que sí, conformamos una nación pequeña, pero fuerte en capital humano. Tal vez no en la fortaleza de nuestras instituciones y leyes, pero el panameño sabe cómo salir adelante, lo hemos hecho desde la independencia y lo hemos logrado a través de todas las páginas turbulentas de nuestra historia. Ni los capítulos de la dictadura lograron destruir a esta nación.
Pero no nos confundamos, debemos ver los hechos como son, por difícil que esto sea; sin dejar de ser solidarios con todos aquellos trabajadores cuyos empleos dependen o se derivan de las empresas afectadas por estos escándalos. La situación puede ser difícil para ellos.
Sin embargo, se trata de situaciones particulares de esas empresas, que no afectan a otras que operan en el país. Los recursos de dichos conglomerados empresariales son vastos y suficientes como para que se puedan defender ante las instancias que corresponda. Lamentablemente, los trabajadores quedan en medio y su futuro es incierto.
La reacción del Gobierno de intentar brindarle apoyo a los afectados es entendible, pero está fuera de su accionar. En uno de los casos, se trata de una situación entre el Gobierno de Estados Unidos y un grupo empresarial, y por el otro, entre una firma de abogados y todo lo que quedó al descubierto tras la divulgación de información interna. Cada uno debe defender sus intereses. El Gobierno de Panamá debe hacer cumplir las leyes, revisar y adecuar todo lo que sea necesario. ¡Hasta ahí! No mezclemos los falsos nacionalismos ni intentemos enredarnos con ideas descabelladas.
No somos la primera nación que atraviesa por esto ni seremos la última. Debemos ser responsables de nuestros actos, como país, como empresarios y como individuos. Y si somos cuestionados, acusados o estrangulados financieramente, utilizar los recursos que la ley nos permita. Vivimos tiempos difíciles que requieren reacciones de Estado.
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