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Somos ricos, miren al cielo

Gabriel J. Perea R.
opinion@laestrella.com.pa

¿Qué está ocurriendo en el país? Algunos dicen que vamos para el cielo y vamos llorando. ¿Será cierto? ¿Acaso este pequeño terruño es una tierra de abundancia y sus habitantes no se dan cuenta? ¿Por qué se quejan tanto los habitantes de esta pequeña franja de tierra? Debe ser que son ñañecos. De todo se quejan. Esa debe ser la única explicación y correspondientemente no saben interpretar las cosas, en pocas palabras, les falta educación.
Vea usted, cómo pueden estarse quejando diariamente, si la economía crece, los bancos están ganando millones, no se ha escuchado una sola quiebra de alguna gran empresa, somos la envidia de muchos países del área, solo hay que mirar al cielo y ver los nubarrones de billetes atravesando los cielos. Ven, estamos volando, que los habitantes del subsuelo económico no puedan alcanzar las alturas para, aunque sea, recoger algo, eso es otra cosa, es cosa de interpretación, es cuestión de percepción.
Definitivamente en nuestro país hay dinero, eso es una verdad innegable, pero no es dinero disponible para los ciudadanos comunes, ellos no están a la altura necesaria para beneficiarse de tanta riqueza, ¿quién tiene la culpa de eso?, vaya usted a saber. Que el dinero esté a alturas inalcanzables no significa que el país sea rico y el ciudadano pobre, es cuestión de percepción. Es que los habitantes del subsuelo económico deben entender que su riqueza radica en que deben interpretar bien las cosas, entender que el poder observar los nubarrones de dinero no significa que algo les tocará a ellos, por el contrario tienen el privilegio de poder contemplarlo y extasiarse de lo que este dinero crea, como la magnificencia de las moles de concreto clavadas por doquier, los autos lujos recorriendo las calles, los centros comerciales abarrotados, los supermercados repletos en alimentos. Somos un país rico definitivamente.
Cuando esta realidad sea asimilada por los del subsuelo, serán felices, ya no se quejarán de nada, dejarán esa ñañequerías, podrán regresar felices a sus ranchos de madera extraviada y zinc oxidado cada día después de sus extensas jornadas de trabajo, no les importará que al final del mes solo les alcanzará para una bolsita en el chino de la barriada, seguirán transportándose en cualquier cosa que ruede, no podrán pagar la luz ni el agua, pero serán felices porque solo tienen que miran al cielo y deslumbrarse con tanta riqueza.
*ASESOR TECNOLÓGICO Y AUTOR DE ‘KAREN NO TE RINDAS'.