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No es un negociado



Gabriel J. Perea R.
opinion@laestrella.com.pa

Esta es una de esas crónicas inverosímiles que ocurren en ciudades donde la fantasía supera la realidad o mejor aún, donde reina el caos alegóricamente. Fíjese usted amable lector que un día un responsable ciudadano acudió como muchos otros a cumplir con sus obligaciones a una institución del Estado y lo que pudiese haber sido un trámite rutinario se convirtió en esta narración.
Nuestro responsable ciudadano acudió a la DGI, sí, esa misma, esa que persigue, pero se le olvida reintegrar las devoluciones de impuestos en un tiempo oportuno, entiéndase meses y años. Y como es normal, esa institución no tiene estacionamientos como tantas otras, así que arregléselas como usted pueda y, como de costumbre, el licenciado en acomodamiento automotriz, le dijo ‘estaciónese aquí patrón, no hay problema '. La casualidad hizo que después de entrar a la DGI el responsable ciudadano se devolviese porque pasados unos minutos recordó que necesitaba otro documento. Sorpresa, su destartalado auto había desaparecido y el licenciado en acomodamiento también.
Y ahora ¿qué fue, robo o se lo llevaron los caminantes de azul?, pues así fue, a pesar de no estar en área de remoción con grúa ni estar obstaculizando la vía, se lo llevó la grúa. Ahora vaya usted a saber a dónde. Pero siempre existen buenos samaritanos y un taxista acude en socorro, y narra lo sucedido: ‘Hermano si estaban cuatro grúas esperando dos calles abajo, hicieron fiesta, pero vamos a buscarlo '. Y con la ayuda de asistencia ciudadana, ubicaron información, pero con la salvedad que de ese patio donde se llevaron su carro no tiene teléfono registrado, increíble.
La búsqueda inicia y después de vueltas interminables, se encuentra el susodicho patio en Villa Cáceres, que no tiene ni un solo letrero de nada ni identificación ni nada, solo un lote baldío con taxis destripados por doquier, pero ahí estaba el auto intacto al menos. Una minúscula ventana metálica es lo único por donde se puede uno comunicar con la dependiente que le entrega la boleta, haciendo la salvedad de que ellos solo atienden hasta las cuatro de la tarde y es viernes y al día siguiente solo hasta el mediodía.
El amable taxista utilizando sus mejores dotes de conductor logra llegar a pagar la boleta, sorpresa, no está registrada, no se puede pagar y está próxima la temida hora de no poder recuperar el auto. Pero el responsable ciudadano no se da por vencido y logra pagar la boleta, pero es demasiado tarde.
Al día siguiente a primera hora se recurre a retirar el auto, pero, cuando se detallan los costos, tiene que pagar patio, recargo de fin de semana, a pesar de ser sábado a primera hora, cargo por remolque sin llave, cargo por la grúa y la suma supera los cientos y tantos de dólares. Pero no terminan las sorpresas, al retirar el auto se le advierte ‘sáquelo con cuidado que no hay rampa ' y resulta que el susodicho patio para salir hay que hacerlo por la acera y caer en la calle.
Seamos inocentes, esto no es un negociado, porque jamás las instituciones del Estado tendrán estacionamientos.
*ASESOR TECNOLÓGICO Y AUTOR DE ‘KAREN NO TE RINDAS”.