Soy invisible

Soy un hombre de pocas palabras, bueno, casi nadie habla conmigo, porque soy invisible
Gabriel J. Perea R.
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Soy un hombre de pocas palabras, bueno, casi nadie habla conmigo, porque soy invisible. A pesar de que estoy entre la gente parece que nadie me ve, ¿o será que tal vez sí soy invisible? Bueno, eso me dice mi supervisor, ‘debes ser invisible, nadie debe darse cuenta de que existes, no debes incomodar a los clientes, tú solo apareces si alguien te pide algo, si no, no existes '.
En todo caso es mejor así porque puedo observar a todos sin que nadie se fije en mí. De esta forma nadie se da cuenta cómo me siento, si tengo hambre o frío, si amanecí con el alma derrumbada o sigo creyendo que algún día tendré algo de suerte. Mientras tanto continúo con mi labor, llevando mi carrito de limpieza con sus enseres de un lado para otro, recogiendo todo lo que esté fuera de lugar, manteniendo todo limpio para que los clientes sigan viniendo a este lugar que encuentran muy limpio gracias a mí.
Mientras ejecuto mi labor invisible puedo observar cuántas tiendas están llenas de gente, en los restaurantes no se cabe, es increíble, no puedo imaginar cómo tienen tanto dinero, cómo pueden pagar esos precios tan altos. A mí si acaso me alcanza para tomar el bus de regreso a casa cada día, para allá en mi cerrito fuera de la ciudad, muy lejos de todo este lujo y ni pensar en comer aquí, jamás, no me alcanzaría pero ni para un café negro, ¡qué va!
No logro entender cómo es que dicen que ‘vamos para el cielo y vamos llorando '. ¿Cuál cielo?, porque el de estas personas que vienen a comprar aquí no es mi cielo, el mío es de veredas y agua en cubos. Ellos son diferentes, su mundo es diferentes, ellos pueden hacer cosas que yo no, como cuando escuché mientras limpiaba a un hombre decirle a otro, debían ser comerciantes, ‘esta semana aumento los precios, mis ganancias están disminuyendo y no puedo permitirlo '. Ojalá yo pudiera hacer lo mismo y decirle al jefe ‘esta semana me aumentas el salario porque ya no me alcanza ni para comer, si como no tengo para el pasaje y si pago pasaje no como, así que me aumentas ya '. Pero ¡qué va!, si hago eso me dirá lo mismo, ‘lárgate que hay muchos que quieren tu trabajo '.
Ellos sí pueden aumentar su economía, nosotros los invisibles, no. Pero vamos para el cielo y vamos llorando, en eso tienen razón nuestro cielo está lleno de lágrimas, el de ellos, no.
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