Constituyente, ¿por qué no?

La patria ha colapsado. Quien diga lo contrario se miente a sí mismo y al país. 
La patria ha colapsado. Quien diga lo contrario se miente a sí mismo y al país. Los tres órganos que conforman nuestro sistema político han fallado: llámese Ejecutivo, Legislativo o Judicial. Ya no es de imaginar que la corrupción, las actuaciones ilícitas, el clientelismo político, entre otros males, han logrado la putrefacción de cada uno de ellos.
¿Y qué decir de la sociedad?, tal vez la culpa inicia desde nuestros hogares, cuando padres de familia no han logrado cultivar generaciones de ciudadanos respetuosos de la ley, alejados de la codicia destructora. Y no le echemos la culpa a las clases humildes, porque ellos no alcanzan altos puestos gubernamentales, extrañamente llegan a ocupar las butacas tapizadas en cuero de poderosos conglomerados empresariales, esos afortunados provienen de clases privilegiadas. Y los llamados a ser la segunda línea de defensa contra el surgimiento de una sociedad corrupta también han fallado. Nuestra educación no ha logrado sembrar la semilla de la honestidad, porque se han escapado de algunas aulas malhechores profesionales que descuartizan sin escrúpulos los recursos del Estado para su propio beneficio.
Ante el fracaso de nuestro sistema político, ¿cuál sería la alternativa dentro de un proceso democrático representativo? Un método que esté consagrado y estructurado para cambiar el rumbo del país. Una asamblea constituyente que barra con todos los entuertos que permitieron el colapso de la patria, caiga quien caiga. Esa sería la respuesta de una nación que se levanta sobre sus errores.
¿Qué otra alternativa tenemos? ¿Por qué no lo hacemos? ¿Qué estamos esperando? Porque de hacerlo, aquellos enquistados perderían el feudo de enriquecimiento, perderían el acceso a comerciar con la miseria humana, perderían sus cuotas de poder y la capacidad de controlar el país.
La asamblea constituyente es una convocatoria nacional de representantes que asumen el objetivo específico de dictar las leyes que, en el futuro, regirán la relación entre gobernantes y gobernados y el funcionamiento y distribución del poder que es el fundamento de su sistema político y social. Pero eso no ocurrirá ni con este Gobierno ni con ninguno que responda a interés económico, porque no existe aún el estadista que se atreva a reestructurar el Estado, instituir una verdadera separación de poderes y a alterar el statu quo. Jamás renunciarán al poder.
Las clases sociales en la base de la pirámide se asfixian por el peso de los pocos que están en la cumbre, problemas de impuestos, desempleo, salarios míseros, insuficiente atención médica, inseguridad, indefensión, disminución del poder adquisitivo, son algunos de los problemas que aquejan a las grandes mayorías. Estamos ante una partida en la que algunos apuestan al aletargamiento perenne de la sociedad y hasta ahora están ganando.
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