¿Deudores o delincuentes?

Al leer este artículo puede que muchos se sientan identificados. Puede que recuerden cuando en algún momento eran clientes distinguidos, formaban parte de una clase social privilegiada, con prestaciones, reconocimientos y ventajas que no tienen las mayorías. Todo se desenvolvía con normalidad, no había que preocuparse, al acudir a su banco era reconocido, las sonrisas no eran algo fuera de lo común.
Puede que fueran deudores, algo común. ¿Quién no tiene una tarjeta de crédito o un préstamo o ha comprado un auto utilizando las facilidades de un banco? En nuestra actual sociedad nadie escapa de eso. Pero un día inesperadamente pasaste de ser un deudor a ser un delincuente perseguido por los mismos bancos que ayer te llamaban para ofrecerte nuevos productos.
El despertar a esta realidad es espeluznante y es una realidad que están experimentando muchos panameños, algunos podrían contradecir esta aseveración, las cifras muestran que la economía está mejor que nunca y puede ser que sea cierto, pero ¿mejor que nunca para quiénes? Talvez para las grandes empresas, porque para algunos ciudadanos no es así, reestructuraciones, fusiones, reducciones de personal son las realidades que ellos están viviendo o simplemente están siendo golpeados por la disminución del poder adquisitivo.
Ahora se aprenderán de memoria la definición de deudor que nos dice que es aquella persona natural o jurídica que tiene la obligación de satisfacer una cuenta por pagar contraída a la parte acreedora, ello cuando el origen de la deuda es de carácter voluntario; es decir, que el deudor decidió libremente comprometerse al pago de dicha obligación. Dada esta situación, en la que el deudor no efectúe los pagos, su acreedor podrá ejercer acciones legales contra el deudor para intentar recuperar la deuda correspondiente.
Ahora eres un delincuente porque los cobradores te acosarán hasta el extremo y ninguna legislación te protegerá de la pesadilla, no importan tus argumentos o pagas o al final quedarás demandado, con la posibilidad de perder todo lo que tengas de valor.
Nuestra legislación tiene un enorme vacío que perjudica al ciudadano común que no tiene adonde recurrir, no existen centro de arbitraje o conciliación donde se pueda buscar una salida que te permita recuperar tu estabilidad y llegar a algún acuerdo que no sea unilateral e impositivo. Mientras la economía va viento en popa, vas camino al abismo irremediablemente.
Este es otro de los renglones adonde nuestros diputados no vuelven la mirada, porque talvez sienten espanto.
AUTOR DE ‘KAREN NO TE RINDAS'.

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